Escritura, edición y programas para contar mejor
Un equipo chico en Tucumán que edita la revista y trabaja, en paralelo, con marcas privadas y pymes argentinas en identidad visual, campañas y redes. Acá contamos de dónde viene el proyecto y cómo pensamos el oficio.
El Zaz Estudio empezó como una revista digital sobre diseño y publicidad en Argentina. Con los años sumamos proyectos de identidad, campañas y redes para pymes y marcas privadas. Esta es la línea de tiempo de esas decisiones.
Arrancamos publicando notas sobre diseño gráfico argentino y campañas locales. Sin equipo fijo, con colaboradores que escribían desde Córdoba, Rosario y Buenos Aires. El foco estaba en analizar piezas reales, no en repetir tendencias globales.
Tres pymes textiles nos pidieron revisar sus logotipos y paletas. Ahí entendimos que muchas marcas chicas arrastran piezas de años atrás sin reglas de uso. Empezamos a documentar sistemas de color y tipografía en lugar de entregar solo un archivo final.
La demanda de gestión de redes creció fuerte. Armamos un esquema de contenidos por tipo: producto, proceso, prueba social y educación breve. Ese orden sigue vigente y lo aplicamos tanto en comercios como en estudios de servicios.
Varias marcas privadas nos convocaron para combinar gráfica en calle con contenido vertical. Aprendimos a adaptar una misma idea a formatos muy distintos sin perder el concepto. También a medir respuesta en comentarios y prensa, no solo en alcance.
Hoy mantenemos las dos patas: la revista sigue publicando análisis de tendencias visuales y branding corporativo, y el estudio trabaja con equipos de marketing que necesitan criterio, no solo ejecución. Los proyectos se piensan desde el contenido hacia la identidad.
Historia del estudio
El Zaz Estudio nació como un cuaderno de bocetos compartido entre tres personas y terminó siendo una revista digital y agencia que trabaja con pymes de todo el país. Estos son los momentos que marcaron el recorrido: los aciertos, los cambios de rumbo y las decisiones que todavía sostienen la forma en que trabajamos hoy.
Arrancamos con logotipos y piezas gráficas para comercios del centro tucumano. Sin estructura formal, cada trabajo se resolvía a mano y con reuniones en bares. Aprendimos ahí que una marca chica necesita reglas simples antes que un manual extenso.
Publicamos las primeras notas sobre tendencias visuales y campañas locales. La idea era dejar de guardar referencias en carpetas privadas y ordenarlas en un medio propio. Ese año también definimos la paleta naranja y morado que sigue identificando al estudio.
Con la caída de los eventos presenciales, pasamos casi todo el trabajo a formato remoto. Sumamos gestión de redes y contenidos para pymes que necesitaban sostener presencia digital sin equipo propio. Fue el período en que separamos claramente la agencia de la revista.
Coordinamos piezas de vía pública, gráfica y contenido vertical para tres lanzamientos de marcas privadas. El aprendizaje fue duro: adaptar una misma idea a formatos muy distintos exige un sistema de diseño, no solo buena voluntad del diseñador de turno.
Documentamos procesos de auditoría de marca, calendario de redes y revisión de piezas. Empezamos a compartir esos criterios en charlas con estudiantes de diseño. Buena parte de lo que publicamos en la revista sale de casos reales que pasaron por el estudio.
Seguimos trabajando con pymes y equipos de marketing que necesitan ordenar su comunicación. La revista funciona como espacio de análisis y la agencia como taller. Las dos cosas se alimentan entre sí y mantienen el mismo criterio: claridad antes que espectáculo.
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